
En los tiempos difíciles que corren, una de las formas de hacer frente a la crisis es dividir la vivienda familiar, para alquilar parte del espacio.
A través de una segregación -división de un inmueble en varios-, un propietario puede convertirse en multipropietario y disponer de más pisos -sin perder su casa- para alquilar o, directamente, para vender y sacar mucho más rédito.
Se trata de una práctica legal, aunque el principal escollo es que debe haber un consenso unánime de la comunidad de propietarios.
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