
Siguiendo algunas simples pautas, cuidaremos nuestro coche frente a los embates de las bajas temperaturas para que de esa forma no se averíe ni consuma más combustible, redundando en un ahorro.
Si el coche no se guarda bajo techo, las bajas temperaturas – y más aún si se presenta nieve o hielo – pueden hacer que los fluidos del motor se afecten, como así también dañar elementos exteriores como lunas o escobillas.
Por ello es que hay que revisar periódicamente los niveles y el estado de estos fluidos. En el caso de la batería, hay que mantener el líquido un centímetro por encima del tope. Asimismo, hay que corroborar que el aceite no esté más denso de lo debido por la baja temperatura. Además, es indispensable colocar líquido anticongelante tanto en el limpiaparabrisas como en el agua del motor.
Por la noche, conviene levantar las lunas para que el frío no las pegue al cristal, lo que las puede romper. Si frotamos las gomas de las lunas con un paño embebido en bebida cola, se volverán flexibles otra vez. Frotar el parabrisas por dentro y por fuera con papel periódico, evita la formación de escarcha.
Vía: Consumer.es

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