
Continuamos agregando algunos consejos más a los que ya te dimos ayer, para que te animes a realizar tú mismo las tareas de renovación de tus paredes, con pincel en mano.
Los acabados de la pintura es una parte importante de elegir la indicada. El acabado plano no tiene nada de brillo, y es eficaz para disimular algunas imperfecciones de la pared, ya que las camufla y la luz no las resalta. El acabado terciopelo o cáscara de huevo tiene un satinado intermedio, y es lavable fácilmente con un paño húmedo – una gran ventaja para sitios de mucho tránsito de personas o si hay niños –. El acabado de satín otorga un suave brillo que queda muy bien en sitios como cocina, baño, acabados y puertas. Se limpia igualmente con facilidad. Finalmente, el acabado brillante es indicado para puertas y acabados, ya que su grado de satinado es alto. Sólo para detalles.
Pintura al agua o al aceite: la primera es más fácilmente lavable con agua y jabón, y se secan más rápido, son las utilizadas la mayoría de las veces. Las pinturas al aceite son más indicadas si se necesita pintar sobre madera.
Para calcular la cantidad de pintura que necesitarás, debes sumar el ancho de todas las paredes y multiplicas por el alto de piso a techo. Luego, le restas la superficie de puertas, ventanas y pasadizos. En superficies planas se requiere de un galón cada cien metros cuadrados, pero ten en cuenta el número de capas necesarias para que el color quede bien. Un color brillante u oscuro requerirá de más capas para lograr una buena terminación.
Por último, el techo en general se pinta de color blanco, o apenas alguna variante como el marfil. Eso ayuda a dar mayor sensación de amplitud y altura. Si deseas generar un ambiente más acogedor, puedes atreverte con un tono medio u oscuro, teniendo en cuenta que estos últimos generarán una sensación de que el techo es mucho más bajo.
Vía: Decorailumina
